WORKAHOLISM: CUANDO EL TRABAJO AFECTA A LA PAREJA

“No puedo parar de trabajar. Tendré toda la vida para descansar”. Esta frase de la madre Teresa de Calcuta podría ponerse en boca de aquellas personas que lo dan todo por su empleo y se enfrentan a diario con las quejas de sus parejas porque encuentran excesiva su dedicación al mismo. A la ya de por si larga jornada laboral en el lugar de trabajo le siguen, muchas veces, horas extras en el propio hogar; hasta que el ordenador portátil y el teléfono móvil se convierten en nuevos miembros de la familia.

La adicción al trabajo (workaholism) es un concepto relativamente reciente. Apareció en 1968, cuando el profesor norteamericano de religión W. E. Oates lo utilizó para referirse a su propia relación con el trabajo y lo comparó con otra adicción: el alcoholismo. Este término surge de la unión de la palabra trabajo (work) y alcoholismo (alcoholism) y es definida como una necesidad excesiva e incontrolable de trabajar incesantemente que afecta a la salud, a la felicidad y a las relaciones de la persona.

En muchas ocasiones la persona adicta al trabajo encuentra en su profesión el éxito que no logra en otras áreas de su vida. Más que un medio para ganarse el pan de cada día puede ser una actividad que le proporciona beneficios no tangibles como el reconocimiento social, siendo hasta el momento un comportamiento más típico de los hombres porque desde pequeños se les inculca la importancia de tener éxito, poder o prestigio.

¿Cómo identificar cuándo la pasión o responsabilidad ante nuestro trabajo se ha convertido en un problema?

Sin necesidad de que se haya convertido en una adicción, podemos concluir que nuestra profesión está invadiendo nuestra vida cuando nuestra pareja nos repite que no tenemos tiempo para ella ni la familia, cuando hay un reproche casi constante de que ya no hacemos nada juntos por culpa del trabajo, cuando su enfado y rabia por la ausencia física o emocional prolongada da paso al resentimiento. Cuidado cuando ya ni siquiera oigamos los reproches, y la incomunicación y el silencio sean los protagonistas de nuestra relación de pareja.

¿Qué podemos hacer para reconducir la relación?

La clave está en buscar un equilibrio trabajo-pareja. Es necesario priorizar: saber qué trabajos son urgentes y cuáles, siendo importantes, no son para ya. Nuestro compañer@ entiende que hay períodos a lo largo del año que exigen por nuestra parte de una mayor implicación laboral; los demás tenemos que entender que una buena relación de pareja requiere más que un buen salario a fin de mes. Por ello resulta imprescindible planificar el tiempo de pareja, agendar qué momento del día se va a destinar a ser dos y cumplirlo.

Finalmente conviene recordar que, de la misma manera que no somos imprescindibles en nuestro entorno laboral, podemos descubrir un día que tampoco lo somos en nuestro hogar. Pero si dedicamos a nuestra relación de pareja la mitad del esfuerzo destinado a la carrera profesional, el éxito estará asegurado.

 

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