¿PAREJA + SUEGRA = PROBLEMAS?
CUANDO TRES ES MULTITUD

Mi suegra aparece sin avisar”, “Intenta organizarme la vida”, “Cuestiona cómo estoy educando a mi hij@”… son algunas de las quejas habituales que expresan las personas que deciden realizar una terapia de pareja para salvar una relación que se encuentra al borde del precipicio y que achacan especialmente a la intromisión de la madre de uno de los miembros de la pareja en sus vidas.

No sería justo, sin embargo, obviar que la mayoría de las parejas mantienen una relación cordial con sus respectivas familias políticas. No obstante, también nos encontramos con madres absorbentes que siguen manejando a sus hijos/as y no reconocen que ya son adultos, que se han casado o mantienen una relación comprometida, que han creado su propia familia y que les toca a ellos/as decidir sobre sus vidas.

Se trata de mujeres que intentan imponer sus normas, especialmente en lo relativo al cuidado y educación de los nietos/as, y que en ocasiones meten cizaña en la pareja o desvalorizan abiertamente a las nueras, calificándolas directa o indirectamente de no ser buenas madres o compañeras, a la vez que tratan de ocupar un lugar central que no les corresponde en la familia creada por su hijo/a.

Este perfil de suegra asfixiante es más frecuente en mujeres que han enviudado jóvenes y han establecido lazos muy estrechos con los hijos/as, o en mujeres que tienen conflictos importantes con su propia pareja y que tratan de escapar de su realidad conyugal volcándose en ese hijo/a y buscando su alianza.

El problema se debe en muchos casos a que los miembros de la joven pareja no han acordado abierta y explícitamente los límites en que van a desarrollarse las relaciones con las respectivas familias.

Cuando uno de los miembros expresa repetidamente sus quejas al otro referentes a la intromisión en su relación por parte de su suegra, el hijo/a se encuentra ante un conflicto de lealtades muchas veces incapaz de gestionar: “si le digo algo a mi madre se va a enfadar, si no le digo nada se enfada mi pareja”.

¿Cómo actuar?

  1. Tener presente que es imprescindible establecer límites claros.
  2. Expresar de manera cordial el límite sugerido. Por ejemplo: “Sé que quieres ver a la niña y estamos encantados de que vengas a casa. Lo que ocurre es que a las 3 de la tarde está echando la siesta, así que te agradeceríamos que vinieras a partir de las 5”.
  3. Comunicar al compañero/a aquellas conductas de su familia que no le resultan agradables, pero evitando el tono de reproche. Recordar que las conductas por exceso o defecto que llevan a cabo los familiares son responsabilidad de quien las realiza, no de mi pareja.
  4. No comparar la relación que tienes con tu madre con la que mantienes con tu suegra. El trato seguramente va a ser muy diferente y la comparación no es constructiva. El objetivo primero no es que las dos relaciones tengan el mismo grado de confianza y complicidad, sino que sea una relación cordial y respetuosa.

Dice el refranero español que “el casado, casa quiere”, en referencia al deseo de intimidad y cierta independencia de las parejas respecto de sus familias. Hay que tener presente que lo importante en una familia no es vivir junt@s, sino estar unid@s.

La familia es una joya única e invaluable. No la dejes solo porque no tenga brillo. Se puede aprender a sacarlo.

 

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