SI MI PAREJA ES UN OLMO, ¿ME PUEDE DAR PERAS?

Una de las demandas que más se realiza en la terapia de pareja es que el compañero/a cambie. Y esos cambios pueden ser de los más diversos: que sea más afectuos@, que se comunique más “porque no cuenta sus cosas”, que sea más detallista, que tenga más iniciativa “porque estoy cansad@ de tirar yo del carro”, etc.

Resulta evidente que esta solicitud de cambio surge de la insatisfacción con cómo es mi pareja. La pregunta es: ¿ha sido siempre así, o ha habido un cambio significativo en los últimos tiempos?

Aunque existen excepciones (por ejemplo se suele ser más detallista al comienzo de la relación), lo cierto es que con frecuencia los cambios deseados en la actualidad tienen que ver con aspectos que han estado presentes desde casi el inicio de la relación y que durante años no han sido fuente de conflictos mayores. Sin embargo, en la terapia de pareja el planteamiento que se hace es, usando un tono humorístico, “Me casé con Pedro pero ahora quiero que se transforme en Juan”. Y utilizo nombres masculinos porque en las relaciones heterosexuales son las mujeres quienes con más frecuencia desean tales cambios, muchas veces cansadas de años de convivencia comprobando que ese deseo de “ya cambiará” se queda en eso, en deseo pero no en realidad.

Llegados a este punto la cuestión es: ¿se puede cambiar?

La mala noticia es que el olmo, sea masculino o femenino, no se puede transformar en peral. La personalidad adulta se mantiene estable en la adultez, de manera que pedirle a una persona tímida que se convierta en la relaciones públicas para organizar un encuentro de antiguos compañer@s del colegio posiblemente sería pedirle peras al olmo.

La buena noticia es que se puede hacer injertos. Muchos de los cambios deseados en la relación de pareja tienen que ver con la modificación de conductas o comportamientos: que me cuente qué tal le ha ido el día, que proponga una actividad de ocio para hacer junt@s, que me abrace más a menudo,… conductas que se puede aprender a incorporar de cara a conseguir una relación satisfactoria.

Solo queda una duda: ¿queremos cambiar?

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