EL MITO DE LA MEDIA NARANJA
¿ZUMO NATURAL O CONCENTRADO?

El origen del mito de la media naranja se remonta a Platón y su obra “El Banquete”. En ella, el poeta griego Aristófanes explicaba cómo al principio la raza humana era casi perfecta: formas esféricas como naranjas, tenían dos caras opuestas sobre una misma cabeza, cuatro brazos y cuatro piernas. Estos seres podían ser de tres clases: uno, compuesto por hombre-hombre; otro, de mujer y mujer; y un tercero, de hombre y mujer, llamado andrógino.

Según cuenta el mito, llevados por su vanidad estos seres intentaron invadir el Monte Olimpo, lugar donde vivían los dioses, y Zeus, al percatarse, les lanzó un rayo, quedando divididos. Desde entonces, los hombres y las mujeres nos vemos condenados a andar por la vida buscando nuestra otra mitad.

Pero la palabra “mito” es sinónima de ficción, invención y cuento. En concreto, en el mito de la media naranja se reflejan dos creencias que nada tienen que ver con la realidad y que es importante conocer.

En primer lugar, se nos invita a creer que, sin ningún género de dudas, existe una persona perfecta para nosotr@s con la que todo encajará. Pero el ser humano es, por definición, imperfecto y falible y, lógicamente, la unión de dos seres imperfectos no da como resultado una relación de pareja perfecta; si por perfecta se entiende una relación sin conflicto, sin diferencias, en la que la visión de la vida y la forma de conducirse en ella sean totalmente compatibles entre las dos personas que la establecen.

En segundo lugar, y más importante, el mito de la media naranja explícitamente considera a los hombres y mujeres seres incompletos. Y no es que nos falte un trozo para ser felices; nos falta nada más y nada menos que la mitad de nuestro ser: es decir, dos personas están mal o incompletas y tienen que encontrar a quien está complementariamente mal para lograr que las dos estén bien.

La realidad nos dice que iniciar una relación de pareja bajo esta premisa conduce generalmente al fracaso. Y la realidad también nos muestra que no somos la mitad de nada ni de nadie, que somos seres completos y capaces de ser felices sin pareja.

Se trata, por tanto, del encuentro de dos naranjas que desean compartir sus ricos zumos naturales. Exprimirnos persiguiendo ideales inalcanzables en la relación de pareja da como resultado un zumo concentrado con escasas vitaminas para alimentar el amor.

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