DEPENDENCIA AFECTIVA
CUANDO SIN TI NO SOY NADA

Canta Amaral la conocida “Sin ti no soy nada…mi alma, mi cuerpo, mi voz, no sirven de nada porque yo sin ti no soy nada”. Estas son las palabras que cree firmemente la persona que hace depender su valía personal, su autoestima, del hecho de que otra persona identificada con nombre y apellidos le quiera.

¡Cuánto poder concedido a uno solo de los millones de seres humanos con los que compartimos el planeta! ¿Qué tendrá para que yo me defina como algo o nada en función de su afecto? Es más, si dedicara un tiempo a reflexionar podría incluso identificar algunas características suyas que no me resultan atractivas.

Podría describir comportamientos concretos que me han disgustado en gran medida, conductas que me han llevado a experimentar sentimientos desagradables, momentos en los que he sufrido a su lado porque me ha tratado como nada. Y, pese a ello, le quiero.

Pero, ¿es posible querer a alguien que me trata mal? La respuesta es no. El afecto es una emoción nacida de una interacción agradable con otra persona que desaparece con transacciones negativas. Lo que llamamos “amor” se confunde con “necesidad”; de manera que no “le quiero” sino que “le necesito” para sentirme yo alguien.

La dependencia afectiva en las relaciones de pareja se explica desde la necesidad desesperada de sentirme querid@ y el miedo irracional a la soledad, de manera que se actúa conforme al “más vale mal acompañad@ que sol@”.

El camino para desechar la creencia insana de “sin ti no soy nada” pasa por conocer quién soy de verdad, por descubrir mis cualidades, por luchar contra esa voz interna que me critica constantemente y se olvida, en cambio, de recordarme mis aspectos positivos. Se trata, en definitiva, de trabajar para saber que “sin ti, soy yo y me acepto”.

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